TRABAJAR CON BAILARINES, ESOS SERES FANTÁSTICOS

Dante e Beatrice rivolti verso l'Empireo-Gustave Doré. Trabajar con bailarines
Dante e Beatrice rivolti verso l’Empireo. GUSATVE DORÉ

Parécele a la autora que trabajar con bailarines tiene algo de fantástico. Pero no fantástico en su acepción de estupendo, pues eso dependerá de muchos factores que escapan a la razón, sino fantástico en su sentido etimológico. Trabajar con bailarines es trabajar con seres no reales, seres que habitan en el mundo de la fantasía y la poética. A veces son duendes, otras, hadas, brujas o demonios… En cualquiera de estos casos su mundo no es el nuestro.

Si pudiera decirte lo que se siente, no valdría la pena bailarlo.

Isadora Duncan

Una prueba de su existencia

A veces en la sala de ensayo, como sucede a menudo cuando una vive un suceso paranormal, se tiene la necesidad irreprimible de dibujarlos, pintarlos, esculpirlos… Conseguir una prueba. Sé que no soy la primera en percibirlo de esta forma, pues allí están Degas, Matisse, Singer Sargent, Sorolla, y tantos otros que trataron de hacer lo mismo.

Tres bailarinas en una sala de ejercicios. DEGAS-danza-teatro-trabajar con bailarines
Tres bailarinas en una sala de ejercicios. DEGAS

Tristemente nuestra autora, no tan solo no domina las artes plásticas, sino que le es costoso incluso garabatear, por ello optó por grabarlos, describirlos o fotografiarlos. Quería cerciorarse de que lo que estaba viviendo era real. Necesitaba una prueba de que vio ese mundo, de que no fue un sueño, de que, aunque fuera por un instante, ese universo coexistió con el suyo. Pero en arte no hay nada que mienta más y peor que una prueba, la danza como el teatro habitan en lo efímero. A veces se tiene la necesidad de luchar con la esencia de nuestro arte y tratar de que perdure, pero no hay mayor error. Al tratar de luchar contra lo efímero se lucha también con la naturaleza de nuestro arte y se corre el peligro de hacerlo desaparecer ante nuestros ojos como por arte de magia.

Los seres fantásticos no comen

Demuestra también su origen no terrenal el hecho de que los bailarines, al menos los que ha conocido la autora, no se alimentan como el resto de los humanos. No paran para comer, no organizan su jornada con los ágapes. Se alimentan solamente para poder seguir bailando, ora una banana, ora una coca-cola u ora un bocadillo al que llaman sándwich. Sin embargo, al terminar la jornada pueden atacar el queso, los helados, el chocolate o la cerveza sin que ello afecte a sus abdominales diseñados para planchar camisas o servir de yunque al mismo herrador.

Los seres fantásticos tienen cuerpos fantásticos

Los cuerpos de estos seres se diferencian mucho unos de otros, pero todos confluyen en una naturaleza bien alejada del homo sapiens común. Se sientan con los pies en cualquier lado, descansan encima de pelotas de tenis, tiran de sus extremidades con gomas que los llevan a posturas imposibles…

Además, siempre que surge la ocasión desafían la gravedad, el peso, así como la mayoría de las leyes de la física y la propia anatomía que la mayoría de los seres terrenales acatamos sin rechistar.

Con LALI AYGUADÉ & GUILHEM CHATIR

Una belleza descorazonadora para el profano

Verlos deambular por mundos abstractos, verlos relacionarse con sus cuerpos y sus infinitos tiene una belleza descorazonadora por la imposibilidad del profano, en este caso profana, de poder habitar estos mundos. Aunque de vez en cuando, ocurre lo imposible y los bailarines te roban el alma, si es que ésta existe, y se la llevan a bailar con ellos. Recorres sus infiernos, descubres sus desiertos, sus destinos… Tan solo por uno de esos instantes vale la pena haber vivido.

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